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martes, 2 de septiembre de 2014

201409020223??

Y entre que podía ver nada y medio veía algo también veía mi celular. Eran las 20:05, casi. Me sentí un poco decimononico, pues a veces pienso que a los celulares nomas les hace falta una cadenita o cordón para lucir tal como los relojes de bolsillo del siglo XIX. En ese mismo momento revisé, por enésima vez en un mismo rato, la hora en que aparecerías.

Te vi tras la puerta de cristal templado y adivine tu sonrisa al verme. La adiviné porque como ya dije no podía ver. Es lo que me choca de algunas zonas del CENART, hay poca iluminación y, si bien proporciona una atmósfera un tanto cómoda, para uno como yo que no ve bien, resulta un lío. Sobre todo cuando el andar es rápido y el tiempo apremia. Supongo que tu si viste mi sonrisa porque simplemente ves mejor que yo.

Luego caminamos rumbo al metro. En el inter me contaste lo que trascendió en tu seminario. Tambien cosas no tan nimias y cosas nimias como llegar por cierto acceso y salir por otro lado. Uno que otro beso. Antes de llegar al metro la lluvia arreció, pero saqué la sombrilla que me prestaste, porque como soy bien viejito rebelde luego no traigo cuando la necesito. Ahora, en cambio, sí la traía y caminamos ese pequeño tramo de Tlalpan tomados del brazo, resguardados en ese pequeño espacio que brindaba la sombrilla. Seguramente no notaste cuando ajuste mi andar al tuyo, ni como sonreí por ello. Entretanto tu seguias contándome del lío de la presentación de esos antropologos. En lo que me ibas contando adoré la poca intimidad que nos proporcionó la sombrilla durante ese pequeño tramo y adoré escucharte hablar con esa emoción tan singular que te caracteriza cuando hablas acerca de las cosas que te motivan.

O era porque estabas muy feliz, tal como yo estaba feliz y alegre por verte (Aunque fuera un corto tiempo).

Y quiero pensar que era eso. Como cuando mi mano busca la tuya. Y es que mis manos se ven bonitas, pero se ven más bonitas cuando se entrecruzan nuestros dedos. Cuando eso pasa pienso que esa es mi manera de decirte que soy  feliz, pero lo soy más cuando estamos juntos. Aunque el tiempo sea breve y los viajes en metro no sean tan eternos como luego parece.


domingo, 6 de abril de 2014

Cosas de esta semana.

Entre las prisas del trabajo y lo cansado que termino al final de la jornada no hice gran cosa. Aún así salio algo. Poco y ni me gusto tanto, salvo los últimos dos dibujos. De los primeros 4 no tengo mucho que decir, estaba muy aburrido y sin muchas ganas de dibujar. He estado dibujando con plumones, combinando portaminas, estilografo, boligrafos de colores y plumones.





 




Los últimos dos dibujos los hice hoy, escuchando a Warpaint, una banda de Los Angeles conformada por 4 chicas de las que alguna vez había oído ya algo pero no me había convencido. Lo que he estado escuchando de ellas en los ultimos días me ha gustado. De su ultimo álbum me quedo con dos piezas. "Disco/Very" es una pieza que me resulta cachonda, ligeramente densa, lenta y con un ritmo que se le cuela a uno por los oidos, llega a la tatema y obliga a mover los pies. Quiero pensar que de las chicas la compuso Jenny Lee Lindberg, pues en los videos la canta con singular entusiasmo. "Love is to die" es la otra pieza que me trae poniéndole repeat al aituns, a mi 'drama queen' interior le place. 




En fin. Me emociona mucho escuchar su música, y me gusta escribir de las cosas que me emocionan. Como el pan que ayer me zampé en "La Popular" con N. No sé como se llama el panecillo, de hecho ni parece chido pero su sabor es inversamente proporcional a su apariencia. Adoré ese relleno. Definitivamente ya encontré un postre casi igual de supremo que el pay de queso con fresa. Antes de ir al centro fuimos a la Cineteca. Vimos "Los insolitos peces gato" y nos toco que la directora presentase la película. Me gusto mucho el personaje de "Claudia" (Quizás porque reconocí algo de su personaje en mi) interpretada por Ximena Ayala, a quien no veia desde "Perfume de violetas", francamente la desconocí. El resto de los personajes son entrañables, así como las situaciones que se les van presentando. Supongo que me gusto por cierta nostalgia por mi familia y por otras cosas que igual suceden en la pelicula. 

Al final ayer fue una muy buena tarde, pese a lo agotado que llegué de Cuernavaca. Aún me invade la sensación de extrañeza por sentirme en casa estando en el DF.  

domingo, 23 de marzo de 2014

La libreta naranja.

A mis libretas de dibujo siempre les llamo "libretas rojas", la mayoría lo son, aunque hay por lo menos dos de color azul cobalto, una de color negro, una rojo deslavado (entre blanco y rosa), y esta ultima que recién terminé. Naranja porque no había de color rojo en el centro comercial en el que la compré, y me urgía. Mis libretas por lo general son cuadriculadas pero me gusta más que sean blancas. Esta lo fue y ademas tamaño profesional, o sea que ademas fue más grande que las otras libretas que suelo usar, que por lo general son estilo francés o italiano. En fin. No suelo hablar de las libretas que tengo ni de cuando las voy terminando, pero por lo que esta libreta me significa me dio por escribir un poco. La guardaré en la caja de las libretas rojas y ahí se quedará un buen rato. Algún día la revisaré y veré todo lo que dibujé y escribí y supongo que al verla me pesará la nostalgia, siempre me pasa cuando veo las libretas y las escudriño. Sólo para ver que termino escudriñándome a mi mismo. 

Esto fue lo ultimo que dibujé en ella.














martes, 18 de marzo de 2014

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05:30 Sonó la alarma y de momento ahí estaba yo, sólo que media hora más tarde por un error al poner la alarma, error de dedo de mediahora que con un abrir y cerrar de parpados se convirtió en dos horas de retraso. "¡Maldita maldición!" Habría dicho I. Extraño mucho la 'arquiternura' de I. Pensaba en ello cuando me dispuse a hacer algo al respecto. Me vestí como pude y me peiné como siempre o, mejor dicho, no me peiné. Tomé mi cartera, mi celular, la maleta, mi mochila, mis gafas para el sol… y… ¡las pinches llaves! Mire la hora en el celular. Ya eran las 07:45. El tráfico por Tlalpan imposible para tomar taxi y acortar el tiempo. El tren ligero impensable para andar con maleta y mochila pero ideal para llegar lo más pronto posible. Se me pasaron dos trenes y al tercero conseguí colarme y hacerme de algo de espacio. Es el truco cuando uno no encuentra lugar en el tren ligero o en el metro. Hacerse de lugar a base de que los demás cedan un poquito del suyo aun cuando parezca que no hay espacio que ceder. Empujando harto, pues. Luego de acomodarse uno debe disponerse a tolerar las jetas de los otros, ponerles una jeta más fea y de vez en cuando sonreír, porque a ratos merece sonreír en los vagones y soltar un comentario  y hacer la plática. Y descubrir un compañero de platica por un rato. El rato siguiente uno estará haciendo jetas otra vez. Y así hasta la náusea en esta ciudad.  Y luego pienso "aunque es lo mismo todos los días siempre hay algo nimio pero diferente". Es lo bonito del absurdo, cada día se viste diferente, va retrasado, o va con calma, o ya lo chocaron, o ya está esperando el autobús. Ya va sonriendo o va dibujando igual que uno. O simplemente va poniendo jetas al de al lado y haciendo la plática con otro cinco minutos después.

08:30. Llegué con mi carita de espanto a la taquilla y compré mi boleto. Esperé casi 30 minutos. Desayuné ya más relajado. Pensé en lo que tenía que hacer. Hice algunas llamadas. Una para ser preciso. Miré el reloj, miré los andenes, miré mi boleto y así el mismo proceso unas 7 veces por lo menos. Es una manía que tengo desde siempre que viajo en autobús. Supongo que por ello sólo una vez un pinche autobús me ha dejado varado. Y desde entonces nunca me ha vuelto a pasar.

En los monitores apareció en letras rojas la hora de salida, el número de autobús y el andén por el cual aborde. Checaron mi boleto y busqué mi asiento. Saqué mis audífonos y puse a Moderat. Me perdí. Cuando desperté vi que estaba a una  media hora de llegar a la obra.

11:00 La mañana (casi medio día) morelense me recibió con un bofetada plena de rayos de un sol radiante, tal como me choca. Supongo que era el colmo de llegar tarde al trabajo. Me odié.

Descubrí que ya no me tolero tanto como antes, pero más por la fuerza de costumbre termino por estar bien conmigo mismo. Me acostumbro rápido. Cambio mis mañas. Sustituyo unas por otras y sólo las más arraigadas permanecen. A esas a lo más uno sólo las puede atenuar. Pero ahí voy. La maña de cambiar es invariable. Mi vieja maña de querer estar solo ya no es lo que era. Ni el gusto. Y no sé por qué ¿Será la edad? ¿Serán las pretensiones? O ambas.

(Quizás pienso muchas tonterías).

17:34 Con todo y los rayos de sol hoy tocó un buen clima, entendiendo por 'buen clima' a que parte de la tarde el cielo estuvo medio nublado y con algo de viento. Un clima fresco y menos sofocante que el habitual. Y adore eso. Imagine que llovería, pero nada. Al final de la tarde el cielo se despejo. Y me quede ahí con mis ansias de lluvia. Ojala llueva pronto.

Pude percibir el olor a tierra mojada cuando los trabajadores del campo de golf fueron a lavar sus máquinas. Mi memoria se impregnó de cierta nostalgia por algunos días lluviosos. Muchos días lluviosos. Muchos días con olor a tierra mojada. Días que olían a humedad de neblina y de esperar dentro de la blancura de la niebla. Días de ver una silueta dibujarse en la niebla, varias siluetas. Algunos días muy añejos y otros más cercanos. Y hartos días de todo tipo. Días pesados y días buenos.


22:05 La tierra mojada huele a nostalgia (Debo dormir).