martes, 17 de febrero de 2015

En febrero...

Poco o nada he querido escribir. Contarle a alguien lo poco de bueno que me sucede es lo único que puedo contar aquí. No me gusta contarle a Norma mi día a día pues es muy aburrido. Ella es lo mejor que me sucede en el día, la mayoría de los días desde que empezamos esto. Desde unas semanas antes incluso. Aún así, ocasionalmente pasa algo bueno, algo decente. Lo aburrido no tiene sentido contárselo. De lo bueno a veces está lo que dibujo, aunque no ha sido mucho. Y aun cuando es poco eso sí me gusta compartirlo con ella. Por eso no he venido escribir ni a mostrar nada al blog.

Ella es lo mejor que me ha sucedido en mucho tiempo.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Ansiedad otra vez

Luego me gusta engañarme. Haciéndome creer cualquier cosa diferente a lo que pienso. Es una manera de sobrellevar la ansiedad. Puedo pensar muchas cosas. Prefiero pensar en nada. Luego todo esta bien.

201412030946??

Ando en dias insípidos y ligeramente tristes. Cosa mía nomas. Quizás es el fin de año. Quizás es que cumpliré años. Quizás ni debería darle vuelta a las cosas. Estos dias he dormido temprano y tranquilo. Sueño y no recuerdo lo que sueño. Atisbos me quedan como recuerdos y a veces ni eso. Me pone triste no soñar. Me pone triste no recordar lo que sueño. Me deja triste no recordar a donde huyo mientras duermo. ¿A donde me escapo cuando descanso? No tengo idea. Dias como estos prefiero estar solo. Y no molestar a nadie con mis quejas tontas y dramas absurdos. Quiero no estar. Luego recuerdo que esta el trabajo. Que nadie me mantiene. Que debo hacer algo, aunque no quiera. Y bien o mal me reanimo. Y ya. Me siento un poco mejor.

201412030936??

martes, 2 de septiembre de 2014

201409020223??

Y entre que podía ver nada y medio veía algo también veía mi celular. Eran las 20:05, casi. Me sentí un poco decimononico, pues a veces pienso que a los celulares nomas les hace falta una cadenita o cordón para lucir tal como los relojes de bolsillo del siglo XIX. En ese mismo momento revisé, por enésima vez en un mismo rato, la hora en que aparecerías.

Te vi tras la puerta de cristal templado y adivine tu sonrisa al verme. La adiviné porque como ya dije no podía ver. Es lo que me choca de algunas zonas del CENART, hay poca iluminación y, si bien proporciona una atmósfera un tanto cómoda, para uno como yo que no ve bien, resulta un lío. Sobre todo cuando el andar es rápido y el tiempo apremia. Supongo que tu si viste mi sonrisa porque simplemente ves mejor que yo.

Luego caminamos rumbo al metro. En el inter me contaste lo que trascendió en tu seminario. Tambien cosas no tan nimias y cosas nimias como llegar por cierto acceso y salir por otro lado. Uno que otro beso. Antes de llegar al metro la lluvia arreció, pero saqué la sombrilla que me prestaste, porque como soy bien viejito rebelde luego no traigo cuando la necesito. Ahora, en cambio, sí la traía y caminamos ese pequeño tramo de Tlalpan tomados del brazo, resguardados en ese pequeño espacio que brindaba la sombrilla. Seguramente no notaste cuando ajuste mi andar al tuyo, ni como sonreí por ello. Entretanto tu seguias contándome del lío de la presentación de esos antropologos. En lo que me ibas contando adoré la poca intimidad que nos proporcionó la sombrilla durante ese pequeño tramo y adoré escucharte hablar con esa emoción tan singular que te caracteriza cuando hablas acerca de las cosas que te motivan.

O era porque estabas muy feliz, tal como yo estaba feliz y alegre por verte (Aunque fuera un corto tiempo).

Y quiero pensar que era eso. Como cuando mi mano busca la tuya. Y es que mis manos se ven bonitas, pero se ven más bonitas cuando se entrecruzan nuestros dedos. Cuando eso pasa pienso que esa es mi manera de decirte que soy  feliz, pero lo soy más cuando estamos juntos. Aunque el tiempo sea breve y los viajes en metro no sean tan eternos como luego parece.