miércoles, 3 de noviembre de 2010

De como sobrevivir a un funeral y que no te liguen en el intento... (#semanamortuoria 3: 02)

Mi experiencia en funerales es afortunadamente escasa. El mas doloroso fue el de Mamá Grande (mi bisabuela) y eso porque ella me crío. Pero no trascendió de ser uno más. Recuerdo vagamente otros funerales y velorios a los que no fui, mas bien me fueron: algunos de unos tíos abuelos, de la madre de una tía abuela, y uno de alguien que no tenia ninguna relación familiar conmigo. Ese ultimo peculiar. 

En ese entonces con mi familia nos habíamos mudado a un departamento en una colonia cerca del centro de mi rancho. Tenía yo cerca de 13 años, y ya desde entonces sabía rezar y me sabía mas oraciones que ahora  y cuando y en que momento persignarme y así. Todo un mocoso bien inculcado dentro de la religión católica.  Eso no evitaba que mi estomago tomara el control de mis acciones y que al terminar los rezos buscara la comida y demás bocadillos que suelen dar en los funerales.  Ahí andaba en el dichoso funeral comiendo galletas y tomando café sin preocupaciones (el muertito no era mio). Entre el ir y venir de mi silla a la cocina para agandallarme las galletas tipo Gaufrette (que siempre han sido mis favoritas) tenia que pasar frente a una hilera de sillas, cosa que para mi animo y mi hambre resultaba una cosa intrascendente. No recuerdo bien a bien cuantos viajes me chute a la cocina, sí recuerdo que mi hermana estaba chalaneando con platos y con galletitas, y yo comodante me volaba las galletas. Bueno, el punto es que ya había pasado varias veces frente a esa hilera de sillas cuando en una de esas mi hermana o alguien con una bandeja de galletas hizo base en ese justo lugar, de tal manera que yo miraba hacia las sillas y en particular a una silla, bueno mas bien hacia una persona, una niña de 11 años. Lo singular no fue que la mirara, ni que me agandallara galletas frente a ella, lo peculiar fue su mirada. En ese entonces yo era demasiado pendejin como para saber que la mocosa me estaba devorando con los ojos. Bueno quizás no devorando (ella tenia 11 años, creeré ingenuamente a mis 27 años que no lo hacia de esa forma), quizás solo le gustaba mucho. 

En ese momento me concentré mas en mi búsqueda frenética por las galletas y obvié la mirada de la mocosa. Tome mi botín y huí a mi asiento a seguir comiendo como ratón y tomando café. Habían pasado unos 15 minutos cuando la mocosa se paso de la hilera de sillas en las que estaba a otra en la que quedaba frente a mí. La situación no me hubiera incomodado de no ser por que me miraba y me miraba y me miraba y me miraba... de manera insistente. Yo me hacia el pendejo. Miraba hacia donde ella estaba y la veía mirándome. Yo no podía sostenerle la mirada y siempre terminaba desviando la vista a otro lado, el ataúd, mis galletas, mi café, la mocosa, mis galletas, ataúd, café, mocosa, galletas, mocosa... mocosa. El punto es que la situación se torno molesta. Me sonroje y me quite de ese lugar. Con la mirada busque a mi compinche favorito, mi hermana que igual tenia 11 años. Le comente que la mocosa nomas me miraba y me miraba y me miraba y así, y que si seguía en las mismas que le diera una madriza ( mi hermana siempre fue muy ruda aunque fuera menor que yo). Mi hermana obviamente me tiro a loco y tras ir a repartir con ella galletas a la sala de la casa en la que estábamos me dijo que, en efecto, la mocosa me estaba mirando (mi hermana era muy perspicaz para ser mujer, pf) whoah!

Después de eso entre a la sala. Como queriendo buscarla, no la vi y fui feliz... o eso creí. El funeral a fin de cuentas resulto intrascendente, prácticamente como escenario de ese primer contacto.

A manera de epilogo: Justo cuando creí que me libre de ella pase a 3er. año de secundaria, ella entro a la misma escuela y paso varias semanas molestándome (vivía en la misma zona que yo) siempre en el trayecto a la escuela. Un día que yo bajaba corriendo desde el tercer piso de la escuela ella me grito "ese de la sudadera roja" di media vuelta y enojado le dije: "¿¡¡Que!!? ya me tienes harto ¿acaso te gusto?" ella dijo: "sí" y yo me quede callado. Como otras tantas veces.

1 comentario :

Sofía_ Selegna dijo...

jajaja muy buen relato me dio mucha risa como te hicieron sufrir jejeje.

Buena anécdota. En verdad.

Saludos